Estaba en una tienda grande de electrodomésticos, mirando unas pantallas, cuando con
visión periférica detecté uno de esos maestros del marketing de los que no
abundan y de los que suelo salir a cazar en librerías, tiendas de ropa, retails
o concesionarias de autos.
El cliente venía sacado, había comprado 3 equipos de aire
acondicionado, y arrepentido por el exceso, venía a devolver 2, que ya estaban
colocados en las paredes de su casa.
Enojado, como reclamándole haber comprado contra su voluntad
los aires, le dijo en tono duro al vendedor: “ vine a devolver 2 de los 3 aires
que compré, estoy apurado, quiero la plata de vuelta”
Un vendedor común le hubiera dicho que es muy complicado
desinstalar, que se puede devolver en la caja, pero no cuando estaban montados
en la pared.
Este vendedor, 60 años plus, viejo zorro, lo miró con una
mirada que portaba una sonrisa de abuela y le dijo ”ok, ningún problema”. El
cliente que venía a pelearse se quedó, dudó y continuó con la solicitud de
restitución.
El vendedor le preguntó:- “el que te quedás, ¿en que
habitación lo tenés? El cliente con cara de “que carajo te importa” le
respondió de mala gana: - “en el living”. El vendedor se le acercó y bajando significativamente la voz le
preguntó: -“¿y en le dormitorio?” El cliente frunció el seño lo atajó: -“nada,
¿porqué?”
V-“Porqué en el dormitorio pasa toda la acción, tu vida va a
cambiar con un aire acondicionado en el dormitorio, la mejores mujeres van a ir
a para a tu cama, si tenés que tener UN aire acondicionado, tenés que tenerlo
en el dormitorio”.
El vendedor sabía que instalar 3 aires no es apretar un
botón, sabe que el cliente los esperó a los ramones instaladores, 3 días hasta
que vinieron, que rompieron todo, se fueron a comer y no volvieron, el cliente
entró en shock, pasó 8 horas neto al telefóno hablando con operadoras de un
call center cordobés, y que finalmente y a los 8 días, un día volvieron a
Sarajevo, caminaron entre los escombros y bolsas de arena, se escupieron las
manos y terminaron el trabajo.
El cliente, en coma, me miraba como quien perdió el último
avión un 31 de diciembre, pero no atinó a construir una respuesta.
El vendedor percibiendo que maduraba el knock out avanzó:
-“¿no serás gay vos?”
La dimensión bizarra se instaló en el aire, el cliente amagó
a una sonrisa de incredulidad y derrota, yo seguía simulando interesarme por
las pantallas, el vendedor medía y no lanzaba la piña del definitivo knock out,
lo miraba tambaleante y dejaba que el venga, cuando le lanzó:
-“no te hagas problema, dentro de los 45 días se comunican
con vos, te sacan los 2 aires, ahí venís y hacemos la devolución”
La última frase que escuché antes de retomar Cabildo fue del
cliente:
-“ehhh, no ehhhh, está bien… ehhh
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