
Por Rubén Weinsteiner
Mauricio Macri ve esmerilado su posicionamiento de candidato presidencial una y otra vez , elección tras elección, un factor que debilita enormemente su imagen y que tiene que ver con las acciones de su propio espacio.
La falta de la construcción de un "para qué", de un despliegue territorial consistente, y la inexistencia de sujetos políticos macristas, que hacen del PRO más que un partido político, un club de amigos, donde el día que Mauricio se aburra, como el gordito dueño de la pelota, del juego, y se vaya a su casa, se termina el PRO, ponen en ridículo notas a pedido en medios in the pendiente, que consagran la factibilidad de un Macri presidente.
Una y otra vez Mauricio Macri y su gente vuelven a repetir que el jefe de gobierno será candidato a presidente. Dentro de esos mecanismos de reiteración, aparecen sus cuadros más cercanos con construcciones como: "decisión absoluta" de ser candidato presidencial.
Esta insistencia verbal emerge de la idea de no ser creíble, de que lo que uno dice no va a ser tomado como verdad por los otros.
La construcción verbal es congruente con el lenguaje gestual de Macri, de no abrir su boca para hablar y entrecruzar los dedos, que desde la gestualidad decodificada arroja como significante, la voluntad de no hablar, porque lo que se va a decir no es cierto, (es una micro expresión infantil ligada a la prohibición de mentir) lo cual potencia el mensaje decodificado en la gente.
En la construcción del discurso, la afirmación desproporcionada, "no hay ninguna posibilidad que Mauricio no sea candidato", contiene la negación categórica. Es como el marido que le dice varias veces a su esposa “no me gusta tu amiga Mabel” “no tendría nada, pero nada con ella”, cualquier esposa sabe lo que en realidad eso significa.
El votante perdona cualquier cosa menos la incertidumbre. Si un candidato va a una elección, el mensaje emitido no puede ser:” tal vez me presento”, ese parpadeo saca al candidato del lugar de opción, y en un conflicto crítico y una elección lo es, resulta fundamental para un candidato saber que el que parpadea pierde.
Los diferentes casos de laboratorio que se estudian en la academia, como el conflicto por los misiles en Cuba entre EE.UU. y la U.R.S.S., la elección Kennedy vs Nixon, la guerra de desgaste entre Egipto e Israel previa la guerra de Iom Kipur, traen al laboratorio elementos para estudiar la interacción entre dos o más rivales en el marco de un enfrentamiento frontal, directo, destructivo y desgastante, donde debe ganar uno de los dos.
A mí me gusta reflexionar sobre un juego que se juega mucho en el norte de los EE.UU. llamado “The Chicken”, algo así como “el gallina”. El juego consiste en dos autos que se ubican a 1000 metros de distancia uno del otro, en una ruta vacía, uno mirando en dirección al otro. Cuando se da la orden ambos vehículos deben arrancar y correr en dirección al otro rival. El que gira su volante, pierde. Cualquiera que presencia este juego dirá, “ok pero si uno de los dos no gira, se matan los dos”, lo cuál es cierto, pero siempre uno de los dos gira el volante.
¿Cuál es la fórmula para ganar al “the chicken”? Es la pregunta que se impone. ¿Existe una fórmula? Si no doblo y el tampoco nos matamos los dos.
Yo creo que existe una fórmula. La fórmula para ganar en este juego, consiste en que cuando uno se acerca a la vista del otro, arranque el volante y lo tire por la ventana, cuando el otro perciba que uno no puede doblar aunque quisiera, dobla el .
En un juego complejo como lo es la política, hace falta desarrollar una estrategia eficaz para definir el conflicto, creo que lo óptimo en la búsqueda de esa eficacia, es tirar el volante por la ventana, que el otro vea claramente al volante caer afuera del auto y que sepa que uno no dobla, no porque no quiere, porque eso puede cambiar, sino porque no es una opción.
Macri nunca tiró el volante por la ventana
El mensaje de Macri baja decodificado como: “no sé todavía si me presento porque tengo miedo de perder por una diferencia muy grande" , y lo debilita enormemente y retroalimenta la posibilidad que finalmente termine bajandose , cuando sus rivales siempre van tirar el volante por la ventana.
Rubén Weinsteiner

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